“El peronismo, otra vez, está mutando ante nuestros ojos”

(Por Alejandro Radonjic)

“Las generaciones jóvenes están acostumbradas a un peronismo invencible electoralmente, al estilo del PRI mexicano clásico, pero no hay que olvidar que durante la mayor parte de su historia el peronismo nunca fue hegemónico sino de combate”, plantea Pierre Ostiguy.

En diálogo con el estadista desde Chile, el peronólogo canadiense Pierre Ostiguy (PhD en ciencia política) habla sobre el presente y futuro de “el movimiento”. ¿Qué rol conservará el PJ en el país? “La historia política de la Argentina no se puede separar desde hace ya muchos años de la historia del peronismo (y del antiperonismo) y creo que tenemos para rato de eso. Si no fuese un profesor serio, escribiría escandalosamente que el peronismo es eterno”, aventura.

No existen muchos benchmarks históricos para confrontar lo que está ocurriendo hoy con el peronismo porque, básicamente, casi siempre ganó. ¿A qué otra etapa histórica del partido se asemeja este complejo presente?

El paralelo histórico claramente es, aun con un nivel mucho menor de crisis interna, el período 1984-1987. Aquel período ochentoso fue muy distinto del de 1999-2001 pues ahora, como en aquel entonces, hay un presidente con capacidad (personal) de mando y que políticamente no se sostiene en una coalición tambaleante (para no decir contradictoria). En 1999 había, además, fatiga con la dupla de Eduardo Duhalde y Carlos Menem mientras que 1983-1985 fueron años con una crisis auténtica de liderazgo en el peronismo. Sin árbitro. Las generaciones jóvenes están acostumbradas a un peronismo invencible electoralmente, al estilo del PRI mexicano clásico, pero no hay que olvidar que durante básicamente la mayor parte de su historia el peronismo nunca fue hegemónico sino de combate. A lo sumo “la mitad más uno” y, ahora, “menos uno”. El paralelo de época es menos significativo, obviamente, porque también, después de aquella derrota que sí fue humillante en el 1983 y por la cual se culpó a personajes que hoy algunos quisieran equiparar a Aníbal Fernández (una exageración insensata), el peronismo intentó un doble proceso de mimetización con el nuevo poder (alfonsinista) y un esfuerzo de modernización institucional con la famosa Renovación. Muchos gobernadores del interior pobre (incluso él de La Rioja) cooperaron políticamente con el Gobierno de Raúl Alfonsín para recibir recursos. ¿Suena todo eso? Hoy en día, la figura más públicamente destacada de este nuevo ciclo peronista, es decir, la figura más diferenciada del kirchnerismo histórico (pero con él que convivió perfectamente) es Juan Manuel Urtubey, que salió del “closet” con la candidatura de Scioli. Urtubey proclama en todas las tribunas que quiere un peronismo “moderno, institucionalizado y racional”. Es decir, más o menos los mismos adjetivos que se autootorgó la Renovación Peronista en aquella época frente a los mariscales de la derrota del 1983, entre ellos, Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel. Se llegó a hablar en ese entonces hasta de un “peronismo de saco y corbata”. Por supuesto, hay algunas diferencias políticas obvias: en mis términos, la renovación modernizante e institucionalizante peronista era en aquel entonces un claro movimiento (mimetizador) hacia lo alto y en reacción al extremo bajo. Ahora, las figuras que giran alrededor de Urtubey, sin hablar de los peronistas disidentes históricos como José Manuel de la Sota o Carlos Reutemann, se ubican claramente a la derecha y en lo alto en relación al kirchnerismo y a sus aliados en los movimientos sociales. El campo de batalla está ahora abierto, a mi juicio. Esta batalla será crucial para la orientación futura del peronismo. Como una dura tormenta en el océano profundo, se librará debajo de la superficie oficialmente calma de la unidad peronista y del liderazgo partidario (débil) de consenso. No puede ser de otra manera, aun si no queda claro por cuánto tiempo se podrán guardar las apariencias. Por lo menos, desde el Odeón en el 1984 algo cambiaron los modales.

Desde 1983 hasta aquí, el peronismo, dicen algunos analistas, nunca tuvo menos poder institucional que hoy y el mayor síntoma es que no controla la provincia de Buenos Aires. ¿Coincide con esa apreciación o es una visión errada y el peronismo es más fuerte que lo que ellos piensan?

Eso es una visión hiperexagerada. Para reequilibrar el planteo, voy a exagerar en la otra dirección, afirmando que el peronismo “es más que un par de gobernadores” y que es el movimiento auténticamente popular y nacional de la Argentina. Entre esos dos cliches, está la verdad. La dirigencia (y la caja) son sin duda importantes en el peronismo, pero reducir el peronismo a la institucionalidad es un error grande y no entender lo que es el peronismo.

El kirchnerismo, que subsumió a la amplia mayoría del peronismo en los últimos 12 años, se está fragmentando aceleradamente y está lejos de ser el bloque homogéneo que fue y que muchos pensaban que sería ante el Gobierno de Mauricio Macri. ¿Lo sorprendió que haya ocurrido esto en tan poco tiempo y cree que el kirchnerismo seguirá liderando el PJ o que aparecerá otro sector que lo haga y quién o cuál se imagina que puede ser?

Conseguir liderar al peronismo es para mí como llegar a la cumbre del Aconcagua: una vez que uno llega a liderar y controlar el movimiento, y su universo, por la lógica del poder el resto se alinea, menos los más recalcitrantes ideológicamente -el Grupo de los 8 en los ‘90 o los disidentes en los últimos doce años-. Unos lo hacen de corazón y convicción, otros porque “es lo que hay que hacer.” Con la (estrecha) derrota de noviembre, Cristina pasó de la cumbre al Lago Argentino. Unos se quedan en el kirchnerismo por convicción y/o porque están muy identificados (incluso históricamente) al proyecto y otros se sienten, al fin, liberado de este yugo de la patrona. La distribución de las preferencias ahora en el peronismo está probablemente mucho más cerca de su distribución natural que cuando mandara Menem o Kirchner. Por eso tenemos a Miguel Angel Pichetto, Fernando Espinoza y a gente no del todo descifrable como Gildo Insfrán, Diego Bossio, Guillermo Moreno, Juan M. Abal Medina, Mario Das Neves o Máximo Kirchner. Todos, entre muchos, incuestionablemente peronistas y distintos. Si el kirchnerismo, como movimiento político, tiene inteligencia política librará la batalla dentro del peronismo, incluso (y especialmente) dentro del P.J. El purismo no tiene lugar en este momento histórico. Y el ganador tampoco está dado. El kirchnerismo e, institucionalmente, el FpV puede existir fuera del PJ, como movimiento de izquierda popular y nacional, pero toma el riesgo grande de achicarse en una suerte de PI ampliado o en un Frente Grande. Es decir, a una importante tercera fuerza. Y si juega al todo o nada dentro del peronismo partidario, y si termina ganando un líder (no estamos hablando de la Presidencia del partido, a definirse pronto) que le sea adverso ideológicamente, también corre el riesgo de terminar como (pero mejor, de todos modos) que el menemismo, es decir, como un momento histórico. Creo que ni la pureza (como antes del 2015) ni el arreglo negociado son factibles a mediano plazo. La hibridez, sí, pero tendrá un signo político en el eterno espectro izquierda-derecha. Dicho sea, la pregunta suya es algo ficticia: en este momento, nadie lidera el PJ. No hago futurología sobre quien llegará a liderar el peronismo. Lo que sí aseguro es que hay mucho más lugar a sorpresas que lo que escriben los columnistas y politólogos en su lista de anotados. Pensando en su primera pregunta, cuando todo el mundo daba por descontado que había triunfado el proyecto “racional”, “civilizado”, “institucional” de la Renovación, Carlos Menem ganó el liderazgo de la manera más populista que sea. Lo maravilloso del peronismo es que no es previsible en ese sentido. Por eso, más que un partido “institucional” (a lo Max Weber) es una fuerza sumamente política. Hay que contar con eso.

Las máximas figuras del peronismo son, en primer lugar, Juan Domingo Perón y, en segundo lugar, Evita. ¿Qué lugar tendrán Néstor y Cristina Kirchner en la liturgia peronista en 15-20 años?

Tendrán una gran importancia, sin la menor duda (pero nunca a la altura de la pareja fundadora), aunque si no sé si “litúrgica” (Dios, hay uno solo, así como la Virgen Evita). Pero, como es común en el peronismo, habrá todo tipo de revisionismos históricos. Hoy en día (hablando a un nivel menor), ¿el peronismo revolucionario fue la fuente de todos los males y violencias de los ’70, o fue glorioso y heroico? ¿Los de esa generación fueron “imberbes” o los herederos de la Evita combativa? Creo que en ese sentido, el lugar de los Kirchner será muy distinto del que le toca a Menem, asociado al ruinoso colapso del 2001, a pesar de la estabilización y luego de la euforia consumista que bien recuerdo de 1992-1996. En contraste con las aves de mal agüero del antiperonismo, ningún colapso ocurrió en los últimos dos años de la presidencia de Cristina. Y como el presidente Mauricio Macri cambió el curso del modelo (en contraste con Fernando De la Rúa en relación a su predecesor), cualquier colapso le será atribuido, no al modelo kirchnerista, a pesar del discurso (o realidad) de la mala herencia. Es decir, tanto Menem como Néstor empezaron con una épica heroica (real) de salvar el país de las llamas, pero el modelo menemista terminó de modo que no podría ser peor, mientras que, sí es que se cerró (por lo menos de modo temporario) el modelo kirchnerista, terminó sin ninguna catástrofe.

Sergio Massa dijo que no jugará dentro del peronismo sino que se quedará (por ahora) por afuera. ¿Puede ser él quien lo lidere si hace, como se espera, una buena elección en las legislativas de 2017?

Eso no está para nada dado. Massa sacó los pies del plato (incluso a nivel de declaraciones identitarias) mucho más de lo que es aconsejable para cualquier peronista. La estrategia de Massa es distinta, yo creo. Pienso que él quiere poner a un hombre que le sea afín en la dirección del PJ y de ahí los asados con Urtubey, la alianza con De la Sota, etcétera, y luego presentarse él como candidato a presidente como jefe de una gran coalición (o por lo menos, así sueña) que incluya al PJ pero que no se limite al PJ. Una suerte de “nuevo transversalismo”, para ponerlo así, con él a la cabeza. Pero eso no está dado para nada.

Un viejo apotegma del denominado movimiento dice que “los mejores días fueron, son y serán peronistas”. ¿Los mejores días del peronismo han quedado atrás o, una vez más, es demasiado anticipado decir esto? ¿Por qué ser tan negativo con el peronismo?

Para muchos, los han sido hace 70 años, hace 10 años, y seguramente lo serán en 25…Y, por cierto, algunos días tampoco fueron muy felices, como en el 1975. La historia política de la Argentina no se puede separar desde hace ya muchos años de la historia del peronismo (y del antiperonismo) y creo que tenemos para rato de eso. Si no fuese un profesor serio, escribiría escandalosamente que el peronismo es eterno.

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