Un peronismo desarrollista

(Columna de Eduardo Aguilar, senador del FpV-PJ, Chaco)

La última década fue un reencuentro del peronismo con parte central de su identidad, pero también tiene que enmendar errores y superarse.

Este 8 de mayo el peronismo tiene la oportunidad histó- rica de dar un gran debate. Privilegiar ideas sobre personalismos, y ofrecer al país un modelo alternativo al de Cambiemos. Desde sus orígenes, el peronismo fue desarrollista. Juan D. Perón se presentó como hombre público convocando a un Consejo Nacional de Posguerra para diseñar el país posterior al conflicto mundial. De allí surgieron los planes quinquenales, animados por un espíritu vigente: pensar una estrategia nacional de desarrollo que genere inclusión social a través de la industrialización.

Ese peronismo desarrollista se basa en tres pilares políticos. El primero es internacional: hay que convertir a la globalización en una oportunidad, rechazando la apertura ingenua y el proteccionismo sin obligaciones; integrarse selectiva e inteligentemente a la economía mundial, defendiendo y potenciando los recursos nacionales. El segundo es local y de futuro: necesitamos una nueva estrategia nacional de desarrollo, porque ni la espontaneidad de los mercados ni el estatismo bobo nos darán industrialización, inclusión social, o equilibrio territorial; necesitamos un Estado que planifique la transformación federal de la estructura productiva para cerrar la grieta social. El tercero es económico: una sólida macroeconomía de corto plazo. Sin baja inflación, no habrá ahorro en moneda local ni financiamiento autónomo para nuestro crecimiento, y sin dólar competitivo nuestro signo primarizador será imposible de revertir. El acceso al crédito externo debe ser moderado, a tasas bajas y aplicado a infraestructura y no a sostener el bienestar artificial que genera el atraso cambiario.

La última década fue un reencuentro del peronismo con la parte central de su identidad: el Estado recuperó herramientas y centralidad; la política reivindicó su soberanía y arbitró intereses privilegiando a los trabajadores; las asignaciones sociales crearon derechos universales para los más débiles, niños y ancianos que habían quedado excluidos de todo; la política de DD.HH. reivindicó que el pasado solo se supera con verdad y justicia, y no con revancha ni olvido. Pero también tenemos que enmendar errores y superarnos. El Estado, más que expandirse, hoy necesita recuperar la capacidad de planificar y transformar. Los consensos deben ser amplios, y reconocer como expresiones legítimas a todos los sectores políticos, sociales y empresarios. Y el superávit fiscal y externo, la baja inflación y el dólar competitivo con que crecimos durante largos años son banderas que no tenemos por qué regalarles a los liberales.

Debemos reconstruir, en clave desarrollista, un peronismo victorioso que abandone la retórica de trinchera. Este rumbo neoliberal no sintoniza con las aspiraciones de justicia social de nuestro pueblo. La baja de retenciones era necesaria para recuperar rentabilidad, pero perdimos la oportunidad de segmentarla por regiones y por tamaños de productores. Del “cepo” había que salir, pero devaluar sin esfuerzos consistentes por coordinar precios, márgenes y el abastecimiento de productos fue una decisión a espaldas del bolsillo de la gente. La tarifa energética social es positiva, pero su uniformidad se desentiende de realidades regionales profundamente asimétricas. Un Estado inteligente es lo contrario a despidos sin criterios explicitados y con espíritu de revancha. Esperamos que se concreten los proyectos de infraestructura que el Gobierno anunció para el norte, pero advertimos que las obras aisladas de un enfoque integral resultan insuficientes: la integración del territorio nacional demanda, además de infraestructura “blanda”, una banca de desarrollo, capacitación de mano de obra, estímulo al cambio tecnológico y apoyo a la comercialización adaptado a nuestras cadenas de valor.

El protagonismo del Congreso es una oportunidad para avanzar en esta agenda. Allí vamos a proponer la creación de un nuevo Consejo Nacional de Desarrollo con pluralismo, equilibrio regional, y fuerte capacidad técnica, para planificar el largo plazo y discutir el Presupuesto anual en el marco de las metas que allí se fijen. Ni palos en la rueda, ni callar diferencias con el Gobierno, ni silenciar disensos internos. Al peronismo desarrollista tenemos que construirlo desde el debate horizontal. El país lo necesita. Sobre todo, ahora que el Gobierno va en otra dirección.

Esta entrada fue publicada en Edición 138. Guarda el enlace permanente.

Una Respuesta a Un peronismo desarrollista

  1. Jose dijo:

    Saludos soy partidario de revisar la historia para conocer los errores y corregirlos para ser siempre la mejor opción para el ciudadano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 × 4 =