«Isabel estaba convencida de que era la heredera de Perón»

Entrevista a María Sáenz Quesada, historiadora y autora de La primera presidente (Sudamericana).

Isabel ocupó siempre un lugar marginal en las narraciones periodísticas e historiográficas. ¿Por qué escribir un libro con ella como protagonista?

Porque como historiadora, me interesan los temas que aún no han sido estudiados. Precisamente, el lugar secundario  que ocupa el gobierno de Isabel en los relatos, a pesar de ostentar el cargo de Presidente de la Nación, y de haber llegado al cargo por el voto popular, como parte de la fórmula Perón – Perón, con el 61 % de los sufragios, invita a preguntarse las razones de ese silencio. ¿Ella es acaso el centro de una época que se quiere olvidar?

Hasta 1983 al menos y unos años más también, una parte del peronismo la veía todavía como una líder. ¿Qué cambió?

Los tiempos cambiaron. En 1983, el peronismo había perdido a su líder y fundador, y la dictadura militar no dio lugar a que surgieran nuevos liderazgos. Isabel, luego de cinco años de prisión,  conservaba un lugar respetado en la actividad partidaria del justicialismo. Esto fue reconocido por el presidente Raúl Alfonsín que la invitó a la asunción del mando, y la resguardó de posibles acusaciones. A su vez, ella lo apoyó  en el diferendo del Beagle, contra la opinión mayoritaria del PJ. Después, el peronismo se recompuso, vino el fuerte liderazgo de Carlos Saúl Menem y el todavía más fuerte de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, y la viuda de Perón resultó un personaje incómodo que recordaba las feroces internas del PJ, la lucha a muerte entre la ortodoxia y la juventud revolucionaria, la oscura historia de la Triple A y el ajuste económico conocido como Rodrigazo.

Se supo siempre poco de su vida, se sabe hoy poco de ella. ¿Por qué es una figura tan misteriosa?

Se supo poco y se sabe poco porque Isabel ha buscado el perfil bajo y el silencio. Siempre hubo un cierto misterio en torno a su encuentro con Perón en Panamá, y la posibilidad de que fuera en un comienzo informante del gobierno militar argentino. Durante su breve presidencia, la represión por izquierda, o el crimen protegido, constituyen también un tema que es mejor olvidar. Seguramente hay en el misterio una forma de protegerse que ha resultado muy eficaz en una sociedad como la actual donde la mayoría se desvive por informar hasta los mínimos detalles de su vida privada.

Se cumplen 40 años del golpe en estos días. ¿Cómo vivió ella esos días?

Isabel estaba enterada de que se gestaba un golpe de Estado y se mantuvo firme en el cargo, convencida de que era la heredera de Perón. No aceptó renunciar. Les advirtió incluso a los comandantes, en una reunión celebrada en enero del 76, que tendrían que sacarla de la Casa Rosada por la fuerza física. Esa decisión obligó a la jefatura golpista a organizar un operativo cuidadoso, con participación de las tres fuerzas armadas, para detenerla en Aeroparque, después de que ella cumpliera una jornada de trabajo normal.

¿En qué falló? ¿Por qué no pudo garantizar la continuidad de su gobierno?

No tuvo capacidad para revertir el desastroso gobierno que encabezaba. Por esa fecha, su único sostén eran los sindicatos de las 62 Organizaciones peronistas, dispuestos a impedir cualquier intento en el Congreso de desplazarla mediante juicio político. “La mujer de Perón no se negocia”, afirmó el metalúrgico Lorenzo Miguel en esos días. Pero los cambios de ministros se producían cada dos meses, los militares se manejaban en forma autónoma, la inflación se había disparados y la violencia aumentaba sin pausa. No solo hubo fallas en el gobierno mismo, la clase política argentina no estuvo a la altura de las circunstancias. En las fuerzas armadas, el sector partidario de la continuidad constitucional fue desplazado y el mando quedó en manos de los golpistas. Por su parte, las organizaciones subversivas, no cesaron su actividad durante todo este periodo, y hasta expresaron el deseo de que hubiera un golpe porque así se agudizarían las contradicciones del sistema.

Para el libro habrá pedido entrevistas con ella. ¿Cuál fue su respuesta?

Hoy Isabel lleva una vida retirada, con algunos problemas de movilidad. Sale poco, vive como una ciudadana española, de clase media alta, en las afueras de Madrid. Y no da entrevistas. Mis pedidos fueron ignorados. Ella mantiene silencio. Pero dice no tener rencores.

 

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