¿Comunica bien el Gobierno?

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Todo gobierno es evaluado por lo que hace, pero también por cómo comunica lo que hace. Cada vez más, la forma en que se presentan las decisiones de política económica y otras áreas de gobierno influye más en la evaluación que la opinión pública hace de ella y de quienes la llevan adelante. En ese sentido, tras casi tres meses de gobierno de Mauricio Macri, el estadista consultó a especialistas en comunicación para responder algunas preguntas fundamentales: ¿En qué se diferencia la nueva comunicación gubernamental de la que había durante el kirchnerismo? ¿Cómo comunica el nuevo Gobierno? ¿Es eficaz? ¿Qué desafíos enfrentará en el futuro?

En términos de eficiencia, si uno mira las encuestas de opinión, evidentemente están haciendo algo bien; están sabiendo entender qué quiere escuchar el público y en consecuencia, lo que están diciendo o cómo lo están diciendo está teniendo muy buena reacción”, evaluá Belén Amadeo, doctora en Comunicación Pública. En efecto, las encuestas más recientes muestran que cerca de 6 de cada 10 argentinos evalúan positivamente a Macri y su gobierno, aunque esa imagen positiva fue cayendo desde su asunción hasta la actualidad.

Entremedio, el PRO se fue enfrentando con los problemas y los desgastes que supone la gestión diaria de todo gobierno. Y si bien uno de los fuertes del macrismo fue siempre la comunicación, las dimensiones que adquieren ahora sus desafíos y responsabilidades son muy distintas a las que suponía el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Más aún, en un contexto de corrección de precios relativos que incluye una devaluación del 60% -y en ascenso- y supone la necesidad de ciertos ajustes -y ajustados, consecuentemente-. “Cuando la gestión tiene tanto nivel de complejidad, que lleva a decisiones que se anulan y acciones que quedan a medio camino (como la elección de los nuevos integrantes de la Corte Suprema) no es un problema de comunicación sino de las fricciones normales de la gestión. Hasta ahora las idas y venidas estuvieron causadas por problemas de gestión y de decisión mucho más que por problemas de comunicación”, señala Luciano Elizalde, consultor en comunicación gubernamental y autor del libro Comunicación Gubernamental 360 junto a Mario Riorda.

Un caso emblemático en ese sentido fue el del traspié en las paritarias nacionales de docentes. “Es una comunicación dentro de una negociación muy rápida, en la cual, la propia exposición de la situación cambia la situación”, evalúa el especialista.

La “normalización”

El distintivo del nuevo Gobierno es el énfasis puesto sobre algunas ideas fuerza como la “normalización” o “racionalidad”. “Quieren armar otra mítica, otro espíritu, diciendo ahora que ahora somos un país serio y responsable –apunta Amadeo-. Impulsan valores que tiene que ver con la compresión de la lógica natural de las cosas: cada área tiene una lógica propia y supone una lógica de gestión eficiente, mientras lo otro es ineficiente”.

Por otra parte, si la comunicación kirchnerista estaba centralizada en la figura de la Presidenta Cristina Fernández, la del macrismo es descentralizada, aunque coordinada. “Existe una coordinación amplia entre los temas estratégicos y coyunturales, en los que los ministros y directores pueden comunicar con libertad dentro de ciertos parámetros generales que se respetan para que el mensaje sea leído como coherente”, explica Elizalde. “Es Casa Rosada la que arma la agenda y en general, el que habla lo hace desde ahí”, complementa Amadeo.

Mientras los ministros se encargan de dar a conocer las medidas que competen a sus respectivas áreas, Macri se reserva para sí las buenas noticias y un enfoque más personal que técnico. Al menos, hasta el 1 de marzo. “Hasta su discurso de apertura de las sesiones legislativas, se guardaba las buenas noticias y los discursos de gestión los dejaba para cualquiera sea el ministro correspondiente, que uno no conoce o con los que no tiene animadversión”, describe la especialista en comunicación.

En el lenguaje utilizado, también hay diferencias. Los gobiernos kirchneristas, según Amadeo, “ponían todo en términos políticos y míticos, hacían un relato construido en torno al mito fundacional de que lo que hacían lo hacían en defensa de la patria”. En ese marco, eludía el idioma técnico para adoptar un modo más propio ‘del llano’.

En cambio, los funcionarios macristas apelan a los términos técnicos propios de la gestión sin reparos. Es algo positivo que los ministros hablen porque es creíble que el técnico sepa de cosas técnicas”, opina Amadeo. En ese sentido, coincide Elizalde, “los temas económicos y energéticos han dejado un mensaje que la sociedad ha aceptado por ahora”. “Aunque son temas que no son fáciles de comprender por el gran público, los efectos de las decisiones se comprenden porque se cree en la intención del gobierno”, opina.

En efecto, según una encuesta de la consultora Dicen, “honestidad” y “capacidad” están entre los principales activos que la población ve en la nueva administración. No obstante, otra encuesta realizada en diciembre por la consultora Opinaia arrojaba que aunque hay un voto de confianza, no es un cheque en blanco.

La discusión en torno a esto fue lo que motivó a Macri a endurecer su discurso ante la Asamblea Legislativa en la apertura de sesiones legislativas ordinarias.

Ante el Congreso

El ala más política del Gobierno bregaba por que Macri hiciera un discurso más confrontativo, anclado en la herencia recibida por parte del gobierno saliente, como finalmente sucedió. Un argumento central era que eso le servirá para que la población no lo responsabilice de las medidas antipáticas que tome. “Tiene que poder explicar por qué está tomando las decisiones que está tomando, que no son caprichos”, razona Amadeo.

En cambio, entre quienes pugnaban por seguir con un discurso poco ideologizado, mirando hacia el futuro y no hacia el pasado, está la creencia de que que la gente votó a Macri precisamente porque ya creía que el gobierno saliente había hecho las cosas mal, por lo que no era necesario decirlo, y que si bien ayuda a polarizar, eso puede no ser beneficioso para el Gobierno.

En ese sentido, Elizalde plantea: “El problema de la comunicación ‘calificativa’ es que provoca la reacción emocional de gran parte de la contraparte política. Hubo un error de apreciación en la medida en que se podrían haber dado los datos objetivos y la descripción de las situaciones encontradas sin el uso de ciertos adjetivos y construcciones calificativas que funcionan como dispositivos activadores de reacciones negativas”.

Asimismo, gobernadores y peronistas que hoy son fundamentales para el oficialismo sobre todo en el Congreso pero eran parte del gobierno anterior pueden verse entre los alcanzados por la crítica a la “herencia” y hacer que se tensen las negociaciones. “Puede ser que los acuerdos legislativos se compliquen un poco en el corto plazo”, reconoció en ese sentido el senador macrista Federico Pinedo.

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